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Kasey Richardson

Kasey Richardson is a PhD Candidate in the Educational Psychology program, and he has also completed Graduate Certificates in Educational Research and Women’s and Gender Studies. His research interests lie primarily at the intersections of gender, sexuality, and learning processes. He is largely focused on how formal, public sex education can differ drastically from the ways in which youth learn and teach one another about sex and sexuality in informal contexts such as peer-to-peer interactions, pseudonymous digital spaces, and the media.More about Kasey ...

My colleagues from my cohort surprised me when nearly all of them agreed with me that they felt ashamed they only spoke one language when communicating with locals during our travels.

Los colegas de mi grupo me sorprendieron cuando casi todos dijeron que estaban de acuerdo conmigo, que se sentían avergonzados por solamente poder hablar una lengua al comunicarse con la gente local durante el viaje. Kasey

The unique (read: incommensurably incredible) opportunity to travel with 15 other graduate students and the Vice President/Dean for Graduate Education as part of a fellowship to explore higher education in Switzerland, Italy, and France is indeed a chance to explore gateways to the world and its diverse, inspiring peoples and heritages. Despite the grueling pace and the fact that the cultural and other epistemological impressions came and went in a whirlwind, the urban and rural views we explored were as spectacular as the connections made with others, both from Virginia Tech and the universities abroad. Throughout the fellowship, I found that most of the meaning came from the multiple languages we encountered as we explored, and the high level of language fluency expectations of the academies found there and among the general populace alike. It dawned upon me in a powerful, unforgettable moment of insight: I realized just how privileged I and my fellow United Statesers are to speak English as a native language. As a “tourist” group we encountered folks who spoke their own language plus English and one, two, even three or more additional languages fluently, and I was astounded (and also a bit jealous that my own education had been so deprived in this critical area).

The Global Perspectives Program was not my first experience studying abroad. As an undergrad Spanish major, I was required to study at a university in a Spanish-speaking country for at least one term, which I completed in Mexico. But this time spent abroad was quite different. I was less worried about “making friends” this go around than I was as an undergrad, and more concerned with examining and pointing out linguistic nuances that I noticed in the world around me as our group explored together: signage, dialogue, pragmatics, translation. The other members of my cohort would likely tell you that I annoyed them with my rusty Italian, with excitedly pointing out what I knew about languages from my Masters-level studies in psycholinguistics, and with my general enthusiasm for the spoken word and for orthography. I had thought that this fiery passion for language I hold inside had nearly been extinguished long ago when I switched careers to educational psychology/women’s and gender studies. I am extremely pleased—and benefit tremendously, now and in the future—that this fire was rekindled by only a few days as I remembered that language has been and will continue to be a crucial component of unveiling our eyes and opening our minds to people across the world. It seems pretty rational, perhaps almost too simple… but coming from a country in which monolingualism is the norm and multilingualism is impressive if not a little strange—but not necessarily encouraged. Why would it be, anyway, when all our interactions, entertainment, and resources are readily available to us in a single globally popular tongue? This epiphany, my epiphany, is that hopefully others can experience and re-experience what I did. I see now that language fluency is learned content, and it serves as a powerful learning context that shapes minds in ways they can’t be shaped otherwise. It stimulates cognitive processes and processing power, and simultaneously fosters the development of broader intellectual perspectives. Without this type of national realization, the United States falls short of where it could academically, intellectually, culturally, and especially interactionally.

My colleagues from my cohort surprised me when nearly all of them agreed with me that they felt ashamed they only spoke one language when communicating with locals during our travels. I may be errant in my assumption that United Statesers think everyone can and will speak English with them, even when we are the foreigners; this assumption is at least grounded in attitudes about English and interacting with non-natives in my own country. It creates an expectation that is ignorant, cocky, and unrealistic. I hope my words and thoughts on the matter can gently nudge this expectation in a new direction, and this is also how I hope to portray my people as an unofficial ambassador each time I cross an international border. The Global Perspectives Program gave me a chance to remember why I love languages and the people who speak them so much. In this way, I encourage others to use language(s) as a gateway to higher thinking.

El (Los) Lenguaje(s) como una Puerta al Desarrollo desde una Perspectiva Global: Un Ensayo Bilingüe

La única (así leído: incommensurable, increíble) oportunidad para viajar con otros quince estudiantes posgraduados y la vice presidenta/decana para la eduación posgraduada como parte de una beca académica para explorar la educación superior en Suiza, Italia y Francia ha sido de verdad una chance para explorar las puertas al mundo, su gente así como herencias diversas e inspiradoras. A pesar del ritmo extenuante del viaje y el hecho de que las impresiones culturales y epistemológicas vinieran y desaparecieran como un torbellino, las vistas urbanas y rurales que exploramos eran tan espectaculares como las conexiones hechas con representantes de Virginia Tech y universidades extranjeras. A lo largo de la beca académica, descubrí que el verdadero significado surgió a raíz de las múltiples lenguas que fuimos encontrando mientras explorábamos, y el nivel alto de expectativas en cuanto a las habilidades lingüísticas de los académicos que fuimos conociendo y además entre la población general. De repente caí en la cuenta en un momento de introspección poderosa y memorable: me di cuenta de qué tan privilegiados habíamos sido mis compañeros estadounidenses y yo por hablar el inglés como una lengua materna. Como grupo “turístico”, frecuentemente nos encontrábamos con personas que hablaban su propio idioma y además del inglés, una, dos, tres o incluso más lenguas adicionales fluidamente. Me quedé boquiabierto (y también un poco celoso de lo que mi propia educación me había privado en esta área tan crítica).

El Programa de Perspectivas Globales no fue mi primera experiencia como estudiante en el extranjero. Durante la licenciatura en la cual me especialicé en el idioma español, se requirió que estudiase en una universidad en un país de habla hispana por lo menos por un semestre, lo cual cumplí en México. Pero durante el tiempo que pasé allá, todo fue bastante distinto. En esta oportunidad, me preocupaba menos “hacer amigos” esta vez, y estaba más interesado en examinar y mostrar los matices en los cuales me fijaba mientras el grupo y yo explorábamos juntos: las señales, los diálogos, la pragmática, las traducciones. Los otros miembros de mi grupo probablemente dirían que les molestaba mi lengua italiana (con la cual estoy muy fuera de práctica), y que emocionalmente indicaba lo que sabía de mis estudios en psicolingüística, y con mi entusiasmo en general por la palabra dicha y por la ortografía. Había pensado que esta gran pasión que llevaba dentro casi se había extinguido desde hacía años cuando cambié de carrera y opté por el estudio de la psicología de la educación y los géneros. Estoy sumamente satisfecho—y me siento beneficiado tremendamente en tiempo presente y futuro—de que ese fuego interno se haya reiniciado por solo unos cuantos días mientras recordaba que el lenguaje ha sido y seguirá siendo un componente crucial que permite quitar el velo de los ojos y abrir la mente a través del mundo. Parece bastante racional, tal vez casi demasiado simple… pero el haber crecido en un país en el cual el monolingualismo es la norma y el multilingualismo la excepción, hablar un segundo idioma es incluso considerado aun un poco extraño—y no necesariamente algo alentador. ¿Por qué será, que, si todas las interacciones, el entretenimiento, y los recursos se encuentran inmediatamente disponibles en una sola lengua que no lo sean globalmente? Esta epifanía, mi epifanía, es que con esperanza otros puedan experimentar y reexperimentar estas específicas vivencias. Ahora veo que la fluidez y el lenguaje son un contexto aprendido; sirven como un contexto poderoso de aprendizaje que da forma a la mente en maneras en las que no se puede dar de otra forma. El lenguaje estimula los procesos cognitivos y da el poder al procesamiento, y simultáneamente fomenta el desarrollo de las perspectivas más amplias e intelectuales. Sin este tipo de realización racional, los Estados Unidos se quedan cortos en un área donde pudieran progresar académica, intelectual y culturalmente, especialmente entre estas interacciones.

Los colegas de mi grupo me sorprendieron cuando casi todos dijeron que estaban de acuerdo conmigo, que se sentían avergonzados por solamente poder hablar una lengua al comunicarse con la gente local durante el viaje. Puede que me equivoque con la suposición de que los estadounidenses piensan que todos pueden hablar en inglés con ellos, aun cuando seamos nosotros los extranjeros y los forasteros; esta suposición por lo menos se basa en las actitudes hacia el inglés y en las interacciones con la gente que no lo tiene como lengua materna en mi país. Todo esto crea una expectativa ignorante, irreal y hasta arrogante. Espero que mis palabras y pensamientos acerca del asunto puedan dar un suave empujón a esta misma expectativa en una nueva dirección, y así también espero retratar a mis compañeros ciudadanos como embajador no oficial cada vez que cruce una frontera internacional. El Programa de Perspectivas Globales me dio la chance de recordar por qué amo tanto el lenguaje, los idiomas y la gente que los habla. Así, los animo a usar el (los) lenguaje(s) como una puerta al pensamiento más profundo.